El papa Francisco ha regalado hace pocos días a todos los jóvenes del mundo la exhortación apostólica Christus vivit, fruto del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes celebrado durante el pasado mes de octubre. En el capítulo segundo, titulado «Jesucristo siempre joven», Francisco recuerda la historia de doce jóvenes santos, «que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio. Ellos fueron preciosos reflejos de Cristo joven que brillan para estimularnos y para sacarnos de la modorra». En la selección figuran santos populares como san Sebastián, san Francisco de Asís, santa Juana de Arco o santa Teresa del Niño Jesús, pero también otras figuras menos conocidas como santa Catalina Tekakwhita y los beatos Andrés Phû Yên, Isidoro Bakanja, Pier Giorgio Frassati, Marcel Callo o Chiara Badano. Ejemplos de santidad de diferentes épocas y lugares, entre los que el Papa también ha querido incluir a dos jóvenes de la Familia Salesiana: santo Domingo Savio y el beato Ceferino Namuncurá.

El Santo Padre recuerda a todos los jóvenes que «santo Domingo Savio le ofrecía a María todos sus sufrimientos. Cuando san Juan Bosco le enseñó que la santidad supone estar siempre alegres, abrió su corazón a una alegría contagiosa. Procuraba estar cerca de sus compañeros más marginados y enfermos. Murió en 1857 a los catorce años, diciendo: “¡Qué maravilla estoy viendo!”». Por su parte, Francisco también recuerda a su compatriota el beato Ceferino Namuncurá: «Era un joven argentino, hijo de un destacado cacique de los pueblos originarios. Llegó a ser seminarista salesiano, lleno de deseos de volver a su tribu para llevar a Jesucristo. Murió en 1905».

Carlo Acutis, un adolescente que era la envidia de los informáticos

En otro apartado de la exhortación apostólica, el papa Francisco trae a colación la figura del siervo de Dios Carlo Acutis. Sin tener contacto con los salesianos, sino de espiritualidad jesuítica, el italiano es presentado como modelo para los jóvenes actuales: «Es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven siervo de Dios Carlo Acutis».

Francisco recuerda que el joven «sabía muy bien que esos mecanismos de la comunicación, de la publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo y de las novedades que podemos comprar, obsesionados por el tiempo libre, encerrados en la negatividad» y precisamente por eso, «fue capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza». Él «no cayó en la trampa», recalca Bergoglio: «Veía que muchos jóvenes, aunque parecen distintos, en realidad terminan siendo más de lo mismo, corriendo detrás de lo que les imponen los poderosos a través de los mecanismos de consumo y atontamiento». Lo expresaba de una forma muy gráfica: «Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias».

Hijo de su tiempo y modelo de santidad juvenil en pleno siglo XXI

Ya el Sínodo se había dado cuenta de la ejemplaridad de Carlo Acutis y lo propuso como uno de los referentes de santidad juvenil para la asamblea sinodal. Pero, ¿quién fue este joven de origen milanés nacido en Londres?
Carlo Acutis murió en 2006, con solo quince años de edad, tras una fulminante leucemia. Hasta entonces era habitual verlo en la eucaristía, que fue su fuerza cotidiana desde que recibió la primera comunión con siete años. La llamaba «mi autopista hacia el cielo». Este sacramento y su devoción mariana le enseñó a ver más allá del horizonte terrenal: «Nuestra meta debe ser el infinito, no lo finito. El infinito es nuestra patria. Desde siempre el cielo nos espera», solía decir.

Sus talentos encontraron en el mundo de la informática un despliegue increíble. Dicen que amigos ingenieros informáticos veían en él un auténtico genio. Ha recordado al respecto el cardenal Angelo Comastri en una de sus biografías: «Los intereses de Carlo abarcaban desde la programación de ordenadores, pasando por el montaje de películas, la creación de sitios web, hasta los boletines, de los que se ocupaba también de la redacción y la maquetación, y el voluntariado con los más necesitados, con los niños y con los ancianos».

«Estoy contento de morir porque he vivido mi vida sin malgastar ni un solo minuto de ella en cosas que no le gustan a Dios», dijo al final de su vida. Acutis es presentado así como hijo de su tiempo y, gracias a ello, como modelo de santidad juvenil en pleno siglo XXI.

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